Veía aquellos hombres apoyados en la barra, apurando copas, cervezas y cigarrillos...
Cargados de años, consumidos en la más angustiosa soledad y mirando mujeres como si el ave más carroñero de la tierra se apoderase de ellos ante un par de tetas...
Cada luna, consumían su noche como si aún esperasen algo, como si aún creyesen que algunas de aquellas damas lo invitaría a su cama sin derecho a desayuno...
Paré un instante, estoy cansada de prejuicios, me detuve discretamente frente a la destrucción de sus pupilas y contemplé más allá de la telaraña que el tiempo había cosido en su retina...
Él no quería invertir sus ahorros en sábanas usadas, ni siquiera deleitarse con algún cuerpo esculpido por ángeles dotado de juventud y arsenales de sensualidad, no quería estar en aquella maldita barra, ni pretendía que ninguna de las allí presentes se extasiase en su presencia...
Aquel hombre quería volar, hay mujeres que enseñan a volar... Y él, por desgracia, había aprendido a volar.
..desde entonces ya nada fue suficiente.

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